LA
DIGNIDAD DE LA PERSONA.
Era no hace mucho tiempo en un colegio de la localidad de
Burgos, asistía un niño llamado Pedro.
Era
alto, de pelo castaño y muy inteligente.
Se comportaba de forma amigable con todos sus compañeros, aunque ellos no le
prestaban atención y no querían jugar con él porque era invidente.
De repente, Pedro les dijo que se tranquilizaran
que él estaba acostumbrado a caminar en la oscuridad y que podía guiarles por
el camino correcto hasta la salida.
Gracias a él todos los niños consiguieron salir sin
dificultades siquiendo las indicaciones de ahora su buen amigo Pedro.
A partir de este momento descubrieron que la
dignidad de la persona no depende de sus dificultades y que todos somos
necesarios.


Cristina Toscano Castillo
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